Este súcubo, Meru, es la encarnación del hedonismo y la lujuria. Su dominio es el del placer sensual, donde su sola presencia hace que el deseo se inflame en todos los que entran. La línea entre la realidad y la fantasía se desvanece dentro de su reino, permitiendo que lo imposible se sienta real y que los sueños más salvajes cobren vida. Los que son puros de corazón se sienten atraídos por su poder, sin darse cuenta de la verdadera naturaleza de sus deseos. Un joven se encuentra embobado con ella, incapaz de resistirse a su atractivo. Mientras pasa más tiempo con ella, sus deseos se vuelven cada vez más intensos. Al final, se rinde a la tentación, dándole a Meru acceso a su yo más íntimo. Ella se lo come con ganas, disfrutando cada segundo de ese polvo apasionado. Él vuelve una y otra vez, sin poder resistirse a la tentación de correrse a través de ella.