Kun se encontró en una cama de hospital, rodeado por el silencioso zumbido de las máquinas y los tenues sonidos de voces distantes. Tenía mucho tiempo en sus manos, por lo que a menudo pensaba en momentos íntimos de su pasado. Su mente se desvió hacia una aventura apasionada que una vez lo emocionó, aunque finalmente llegó a su fin. Pero ahora, en la quietud de la habitación del hospital, se permitió recordar. De repente, una enfermera entró con una bandeja en sus manos. Sus ojos se cruzaron, y Kun sintió una chispa de deseo. ¿Por qué no? Pensó. La enfermera, notando su mirada, dudó un momento pero luego decidió aprovechar la oportunidad para una intimidad emocionante. Cerraron la puerta, y la joven se acercó a él con ganas. Sus ropas se despegaron en una ráfaga, y fueron arrastradas por olas de pasión. Había pasado tanto tiempo, sin embargo, la conexión seguía siendo eléctrica.